RR.HH., EL EMPLEO Y EL LIDERAZGO

Cuando detectamos “el problema” lo que sigue, “debería ser”, enfrentarlo. Podríamos huir y llamarlo astucia en lugar de cobardía, pero sería inútil, tarde o temprano todos se darían cuenta. Eso pasa cuando esperamos cambios que no llegan nunca, obviamente después de haber descubierto las claves del problema, o sea, con el diario del lunes.

Allí, en ese momento,  enfrentar el tema sería inútil, huir también y a esa altura estaría bien confirmar que hay que encontrar otra salida, pero aplicando toda la inteligencia de la que somos capaces. Inteligencia sumada a otras,  porque no será suficiente la de uno solo. Más bien, será insuficiente puesto que la salida que hallemos deberá estar consensuada con quienes nos darán “el plácet” para ejecutar algún plan. Todo esto parece “abstracto”  pero hoy se aplica al problema del empleo. Este problema – para crear puestos de trabajo – se nos está viniendo encima como una roca que no podemos atajar. Que “contiene esa roca”? Nada menos que inversiones, modernidad, innovación, educación, formación terciaria, re culturización de  unidades familiares, acción social, construcción de acuerdos políticos, avances de la economía y todo, todo esto, se traduce en un simple concepto: confianza. Y asi como “la confianza” es el objetivo a alcanzar, el enemigo se llama inflación y para combatirla se necesitara liderazgo, ante todo.

Desde este espacio nos interesa el propósito profesional de creación de empleo, único motivo que motoriza el deseo de cambios en los criterios de liderazgo existentes.

Como abandonar los antagonismos políticos si se sabe que estos son nocivos para los acuerdos que conducen a la creación de confianza? Para “animarse” hace falta más que coraje: liderar la gestión de cambio, puesto que ella debe contar con innumerable cantidad de actores, todos protagónicos e importantes.

Decirles, sugerirles, obligar a los empresarios a crear empleo es imposible puesto que ello ocurre como consecuencia de una necesidad estructural (en las organizaciones) movida por el crecimiento.

Decirles, sugerirles, obligar a los trabajadores a educarse, a formarse y especializarse en oficios es inútil, toda vez que luego resultan paralizados luego por falta de oportunidades laborales.

Ver venir esas oportunidades implica haber preparado antes el terreno pues solas no asomaran jamás. Sembrar para cosechar – de perogrullo – pero en estas circunstancias es la cruda verdad. Y para las “semillas que sembraremos” hacen falta acuerdos, dialogo y tiempo. Todos factores que el liderazgo sabe gestionar bien y que será indispensable en todas las escalas de la dirigencia, privada y pública, productiva o no, a nivel nacional. Recomendar acciones? De ninguna manera lo haremos. Es un campo que solo responde a la política. Pero eso no quita que nos demos cuenta y que intentemos reflejar el problema y los posibles caminos para la solución, y “quien quiera oír que oiga”.

Ver sentados en la misma mesa las mejores y más representativas voluntades empresarias, sindicales, sociales y políticas sería un comienzo.

La gestión de Recursos Humanos ya se sentó a las mesas empresarias para aportar una visión estratégica pero más humanizada. Esta macro visión de la problemática del empleo es también un aporte de un área que hoy cobra sentido por todo lo que tiene para dar a esa visión mezquina instalada en el juego de poderes, que jamás contribuyen con soluciones para la sociedad.