El empleo no es solo eso. Es un verdadero desafío, pero no uno más.

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Crear empleo dejo de ser un tema político para convertirse en un verdadero enigma por su drama social, que no admite discusiones ni debates. Solo caben acciones en los focos que hay que atacar para unir  la creación de empleo propiamente dicha con quienes necesitan o buscan trabajar. En verdad, todos o casi todos necesitan trabajar. Algunos aun no lo saben porque la vida les provee soluciones económicas “distintas” al trabajo (a la sazón, un medio común a todos para ganarse la vida) y creen que ese “recurso” los libera de la obligación de trabajar o aun de buscar trabajo. El que tuvo alguna experiencia en buscar trabajo sabe que debe enfrentarse en la entrevista con quien es el, en definitiva y reconocerse tal cual es. O sea, con sus habilidades, formación, preparación, defectos, inconsistencias, etc.

Le exigirán conocimientos y actitud para contratarlo. Y si no tiene lo necesario pasara a ocupar las filas de quienes protestan porque no lo toman en ningún lado. Que difícil, entonces, será demostrarles a los jóvenes desocupados que sin formación no hay oportunidades. Hoy hay más de 1.500.000 de jóvenes entre los 16 y 25 años que no tienen manera de enfrentar una entrevista laboral aspirando a un puesto estable en el que haya que ejercer habilidades técnicas o administrativas. Pero esos jóvenes que terminan o no el secundario serán los que dirijan las empresas y el país en el 2030 para lo que falta menos de 15 años.

Muchos de nuestros dirigentes del gobierno, privados y de la sociedad no piensan en eso. Ni se les ocurre. Y en 15 años que pasaran con la velocidad de un rayo dejaran a millones de “potenciales trabajadores” sin nada para hacer, porque no serán necesarios. Si este es un llamado de atención, merecería ser leído por quienes tienen en sus manos la capacidad de planificar y decidir con qué recursos podrá vivir la gente si  no se les da oportunidades para ganarse la vida.

Cada avance tecnológico implica un mayor riesgo de perder puestos de trabajo para quienes tienen calificación muy baja o no tienen calificación alguna. Las organizaciones prefieren líderes formados que a su vez formen a otros y agreguen a la cadena de herederos la mayor calidad de los recursos humanos disponibles.  En consideración de esto ( que ya ocurre) proyectar el liderazgo de quienes hoy no acceden a formación alguna es pronosticar un futuro desastroso y anárquico.

Los autónomos y prestadores independientes pueden hacerlo porque han recibido la formación necesaria para ello. Las iniciativas requieren formación previa. Conducir organizaciones también lo requiere asi como montar emprendimientos chicos, medianos o grandes. La actividad educativa o formativa, la creativa o manufacturera, los servicios, las industrias en general, y ni hablar de innovación, desarrollo tecnológico, agro, minería, extractivas en general, energía, materias primas, consultoría, medios, turismo, ocio, divertimento, deportes, etc. Todo requiere una especialización y el desarrollo de la formación terciaria queda a la vuelta de la esquina, en cada barrio o en cada pueblo. Todos tienen acceso a ello e interés en ser formados para vivir de su propia actividad. Cuál es el patrón o factor común que vincula todas estas actividades? La educación. Que diferencia a los de iniciativa independiente de los trabajadores en relación de dependencia? Hoy, casi nada. Porque las organizaciones esperan de sus trabajadores una autonomía e iniciativas que aseguren que cada posición o cada célula de trabajo gozara de esa autonomía e independencia que los hará confiables a los ojos de quien delegue roles, tareas, funciones o responsabilidad, en general.

Empresas que se ven preocupadas por sus herederos. Empresas de familia que se ven aún más preocupadas, pero aun funcionan con baja profesionalización y ambas operan sin planes o proyecciones a mediano plazo…ni hablar del largo plazo. Cubren agujeros con lo que pueden hallar. No se comprometen con el futuro. Es incierto, dicen. Por ende no compite con las emergencias del presente que es lo que agobia y deja sin planificación a casi todas las organizaciones. Esta actitud se puede verificar en cada una de las pymes que actúan en nuestro mercado y asi como no ejercitan el habito de planificar tienen desarrolladísimo el otro habito: el de improvisar.

Hacer el esfuerzo de inducir a los empresarios a formarse, discutir con sus pares el presente y el futuro, aprovechar las experiencias del pasado y poner foco en las otras visiones del mismo problema, quedo como un tema de elite, tratado por muy pocas organizaciones del país (Como Vistage) pero es una porción pequeña de empresarios que muestran interés en compartir esa mirada sectorial.  

Nos espera un presente duro y un mediano plazo ídem, en el que deberemos imaginar cual es el futuro que deberemos enfrentar. Raro, pero no nos es ajeno.

Ricardo Jorge Gonzalez,
Director de Desarrollo