¿Que “clase de futuro” tendran quienes no alcanzaron habilidades laborales?

La PEA (población económicamente activa) se calcula hoy cercana a los 19.000.000 de personas. Representa el 41,5% de la población total. De la PEA el 34% trabaja sin estar registrado (en negro) y el 19% se encuentra desocupado o sub-ocupado. Significa que casi el 20% tiene problemas de empleo.

Los jóvenes entre 18 y 28 años rondan una población cercana al millón. Y desde 2010 hasta hoy (a 7 años del censo nacional) NO se crearon 1.300.000 puestos de trabajo necesarios y su evidencia “no se nota tan superficialmente” porque fueron esos puestos fueron cubiertos por el estado con empleo público.

Al tomar como experiencia la reactivación laboral de otros periodos, intuimos que el personal calificado no alcanzara, no será suficiente. Pero lo que no se considera es que los empleos que se crearan desde ahora en adelante estarán destinados a quienes tienen habilidades calificadas, oficios, capacidad técnica y otras formaciones en áreas más complejas.

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Las marchas de las organizaciones sociales reclamando empleo deberán ser interpretadas de otra manera. Las formas de contención a este segmento castigado de la sociedad deberán ser enfocadas desde las soluciones posibles. No “exactamente desde la creación de puestos de trabajo” sino desde la capacidad individual para acceder a ello.

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Que hay que hacer? Por el efecto son simples, el objetivo y la recomendación, pero la metodología y la implementación son  complejas:

Para formar jóvenes y capacitarlos los pasos a seguir deberían expandirse en el territorio nacional:

  1. OBJETIVO: DAR A LOS JOVENES UNA CERTIFICACION QUE LOS HABILITE PARA COMPETIR EN UN MUNDO CRITICO. Cómo? Uniéndolos en programas de formación terciaria en no más de 6 disciplinas con salida laboral. Ellos, más tarde, elegirán la más parecida a su vocación real.
  2. COMPROMETERLOS A PARTICIPAR DE SU PROPIA FORMACION CON EXPERIENCIAS EN PRACTICAS EN ORGANIZACIOENS PRODUCTIVAS. (Manufactureras o de servicios).
  3. ESTIMULARLOS CON DOCENTES QUE DOMINEN EL ARTE DEL LIDERAZGO PERSUASIVO para que los jóvenes tomen ejemplos o modelos que imitar, ya que hoy carecen de estos “espejos” en que mirarse.
  4. TRAZAR PROGRAMAS DE INTEGRACION DISRUPTIVOS, respecto de los programas clásicos de formación educativa o técnica. Tener en claro que estos programas deben entusiasmar y estimular a los jóvenes para que busquen ese enfoque en actividades futuras.
  5. DESDE EL ESTADO O ESTADOS PROVINCIALES CREAR O CONTRATAR CENTROS DE CONVOCATORIA – empleador-trabajador – PARA INTEGRAR JOVENES QUE TENGAN IDENTIDAD EN SUS OBJETIVOS PERSONALES.
  6. OTORGAR CERTICFICACIONES DIPLOMADAS QUE HABILITEN A LOS JOVENES A DEMOSTRAR QUE HAN ADQUIRIDO ESAS HABILIDADES QUE LE DAN ACCESO A NUEVAS OPORTUNIDADES DE PRACTICAS LABORALES.
  7. PACTAR CON SINDICATOS ESTAS ALTERNATIVAS PARA QUE NO LAS CONSIDEREN “CONTRATOS BASURA” Y SE SUMEN AL PROYECTO.
  8. FLEXIBILIZAR LAS LEYES PARA:

    1. Dar lugar a esta dualidad de trabajo-formación, con prácticas serias y definidas.
    2. Evitar las trabas habituales de la legislación para evitar abusos y/o conflictos judializables.
    3. Reducir los costos que redunden en beneficio de quienes formen y otorgue beneficios a quien da trabajo.

Estas sugerencias son muy básicas pero pueden desarrollarse extensivamente si el estado toma conciencia que el próximo futuro lo enfrentara a este dilema, que sin formación no tiene solución. La única salida es la educación y la formación conjuntas (ambas pueden ser parte de un mismo plan.) Trabajemos en ello.