Sobre tutores, coaches y mentores

Si el CEO de la compañía contrata a un psicólogo, los empleados pensarán que se volvió loco y que está a punto de sufrir un ataque psicótico que los arrastrará a todos. Si acude a alguna clase de ayuda espiritual, se asustarán ante la posibilidad de que haya entrado en una etapa mística y que esté pensando fugarse a un retiro en el Tíbet, mientras los deja abandonados a la deriva. Si en cambio recurre a un coach, se sentirán orgullosos de tener un líder tan fashion.

La difusión que ha tenido la práctica del coaching en las empresas es tal que las intervenciones de un coach acarician lo mágico. Las expectativas que despierta su ayuda hacen que muchos se lo reclamen a sus superiores o lo contraten por su cuenta sin la certeza de que sea la clase de apoyo que realmente necesitan. Entonces, ¿cómo saber si un coach puede o no ser de ayuda? ¿Cómo darse cuenta de si es bastante confiable esa persona en la que van a depositar información privada que dejará expuestos sus temores y sus debilidades?

Tomada de la jardinería, la metáfora del tutor señala a un instructor que da soporte sobre un tema específico, en general, durante los períodos iniciales del aprendizaje o como refuerzo frente a un nuevo desafío. Puede tratarse de un idioma, de un aspecto técnico del trabajo o de cualquier conocimiento requerido para desempeñarse profesionalmente.

Como en el caso de los deportistas, un sponsor es alguien que promociona a un empleado frente a la comunidad empresaria. Suelen ser líderes con antigüedad que cuentan con redes amplias y aceitadas. Gracias a su poder e influencia, están en condiciones de ayudar a una persona a obtener una asignación que le brinde mayor visibilidad, una promoción o un trabajo. Cuando el superior inmediato está en camino de ser ascendido y necesita cubrir su posición con alguien, será él quien cumpla ese rol con el colaborador elegido. En otras palabras, el sponsorship o patrocinio es una forma de marketing personal. Contar con alguien así dentro de la red de contactos aumenta, sin duda, las probabilidades de desarrollo de cualquiera.

Un coach es, básicamente, un facilitador del proceso de autoconocimiento. Su intervención es breve, puntual y enfocada en algún bloqueo o dificultad que esté afrontando la persona en ese momento. Podría ser la falta de una habilidad, como la capacidad de delegar, o la dificultad para organizar el trabajo de sus colaboradores, u otro problema afín a aspectos más «blandos» de la tarea. Su función es servir de guía hasta que el obstáculo haya sido removido, en general, luego de tres o cuatro reuniones.

Un mentor es alguien con una trayectoria cargada de experiencias y anécdotas. Lo motiva dejar un legado. Además, desea trasmitir los valores y la cultura de una organización a la que dedicó muchos años de su vida. El vínculo con el mentor suele mantenerse para siempre. Es una clase de amistad especial, madura y valiosa, que se profundiza con el paso del tiempo.

Conseguir las habilidades y la confianza para progresar en la carrera profesional requiere acudir tanto a unos como a otros. Es probable que veamos entrar y salir a varios tutores y a varios coaches.

Si confían en nosotros, los sponsors nos abrirán las puertas y nos brindarán las conexiones. Pero sobrarán los dedos de una mano para contar a los buenos mentores. Sus enseñanzas y ejemplo perdurarán en el recuerdo. Si la diosa Fortuna tuvo la generosidad de agraciarnos con alguno, no dejemos que nunca salga de nuestras vidas.