Si se aprovecha el cerebro colectivo, se despierta el poder de la empresa

Arrancamos 2016 con un clima de negocios caracterizado por una difícil situación económica que contrasta con las favorables expectativas que trae el recién estrenado gobierno. Podríamos decir que se trata (si el oxímoron es tolerable) de una crisis esperanzada. Lo que sí está claro es que tendremos olas. Ya sean de surf o de tormenta, prepararse es la consigna. Y esto implica poner a nuestras empresas al máximo de sus posibilidades.

En la conferencia TED 2010, Sebastián Seung, profesor de Neurociencia del MIT, presenta la idea de que la identidad de un individuo reside en el “cableado” único de su cerebro. Seung lidera el proyecto que busca representar gráficamente a las más de 100.000 millones de neuronas y sus 10.000 veces más conexiones, armando lo que llama el “Conectoma Humano”. Su objetivo es encontrar relaciones entre los comportamientos de las personas y las distintas configuraciones cerebrales.

La mayoría de las empresas (grandes y chicas) concentra la toma de decisiones en menos del 10% superior de su pirámide organizacional. El otro 90% de su cerebro corporativo suele solo recibir y ejecutar órdenes. Hace algunos años, un ejemplo extremo me lo dio el fundador de una empresa metalúrgica que se sinceró diciendo: “Acá las decisiones las tomo yo. A la gente le pago para que haga, no para que piense”. Frase desmotivante si las hay.

La concentración extrema de la decisión en la cúpula, desaprovecha las capacidades de una enorme porción del cerebro organizacional, tirando por la alcantarilla varias veces su peso en oro. Las pérdidas en competitividad y productividad, asociadas con la actitud robótica de los empleados son sin duda multimillonarias.

Organizarse en función de las exigencias del entorno es clave en esta hora. En el caso de los cerebros, estos se recablean solos, generando nuevas conexiones interneuronales en función de la experiencia. La empresa por el contrario, necesita que se la ayude un poco. La comprensión de su “Conectoma Organizacional”, aporta un mapa inicial de la calidad de los vínculos entre personas y áreas. Esta suerte de “diagnóstico por imágenes” nos devela las oportunidades para poder actuar.

Qué se puede hacer

En primer lugar hay que asegurarse el foco y la alineación de la gente. Para ello el empresario debe comunicar claramente el rumbo estratégico definido y crear un ambiente propicio para que sus equipos propongan creativos planes de acción para llegar al objetivo.

En algunos casos, ajustes de la organización con revisión de roles y responsabilidades pueden incrementar el trabajo transversal que vincula a las áreas funcionales de la empresa (de negocio y de apoyo).

Otra estrategia para modificar los vínculos interpersonales consiste simplemente en adaptar los lugares físicos de trabajo. El diseño de oficinas abiertas ayudan al intercambio, y permiten la proximidad de quienes requieren de mayor comunicación (ej.: ventas con marketing).

Un punto clave está también en la rutina de reuniones. Hay que hacerlas productivas, invitando solo a los participantes clave, y dejando claro su propósito. Limitar su cantidad y frecuencia es bueno para evitar la “reunionitis”, pero siempre que se pueda, el “cara a cara” es más efectivo desde un punto de vista relacional.

El derroche de recursos físicos o económicos suele ser fácilmente detectado y corregido. Cuando de materia gris se trata se torna menos evidente, siendo su impacto en pérdidas competitivas de mayor magnitud.

Las capacidades dormidas del cerebro colectivo están listas para ser aprovechadas. Esta es una de las llaves que lo ayudarán a despertar a pleno el poder de su empresa.